La retórica del verano londinense

CARTA DESDE LONDRES

El anarquismo ciudadano, la nueva Disneylandia cultural. Zimbabwe y el populismo son los temas que Soledad Loaeza nos entrega en esta ocasión, una guía rápida para no sucumbir al verano inglés.

Esta primavera ha sido la más húmeda en la historia metereológica registrada de Londres; sin embargo, la ciudad se prepara concienzudamente para las visitas en verano. Los parques están llenos de flores. El subterráneo está sometido a aceleradas operaciones de reparación y embellecimiento. En las calles han aparecido atuendos como los que se ven en Cuernavaca, aunque lo único que nos coloca en el deber ser climatológico es la fecha en el calendario.

El comienzo fue accidentado. El 1 de mayo los anarquistas locales llegaron a la plaza del parlamento armados de podadoras y flores, con el fin de llevar a cabo lo que llamaron una guerrilla jardinera contra el capitalismo depredador, que se convirtió en una guerra florida en la que atacaron a la policía con barras de hierro, botellas, latas de cervezas y señales de tráfico. Los enfurecidos ecologistas se lanzaron en una violenta y bien organizada defensa de la naturaleza, en el camino destruyeron algunos comercios y restaurantes. La protesta se volvió de plano salvaje cuando los guerrilleros jardineros lanzaron botes de pintura contra monumentos, en particular la estatua de sir Winston Churchill, algo así como el padre de la patria, cuya noble cabeza se vio coronada con una cresta verde fosforescente que lo convirtió en un punk más de Leicester Square. Pobre Churchill, él que se negó a recibir a un “indio semidesnudo” que se llamaba Mahatma Gandhi.

El ataque a Churchill fue una mala idea. Lo único que provocaron fue una reacción negativa unánime y apoyo para las acciones de la policía, la única crítica fue que habían sido demasiado tolerantes. Todo el espectro político de opinión, sin distinción, repudió la ofensa. El gobierno, los líderes de los partidos políticos, hasta Ken Livingstone, el flamante alcalde de Londres, de origen trotskista, criticó la protesta anticapitalista.

Tate  Modern

Nadie piensa que esta guerrilla pueda ahuyentar a los turistas que espera Londres y que recibirá primeramente con Tate Modern. El nuevo museo ocupa el inmenso edificio de una planta de luz eléctrica, construida después de la guerra, que había sido clausurada en los sesenta  cuya estructura abandonada era parte del cuadro de deterioro urbano del sur de la ciudad. La inmensa nave, la sala de turbinas de 157 m. por 200 m., fue hábilmente remodelada para albergar la rica colección de arte moderno del viejo Tate, gran parte de la cual estaba almacenada por falta de espacio; cuenta además con varias galerías para exposiciones temporales.

La recuperación de la vieja instalación industrial es un gran éxito de buen gusto e inteligencia, se le ve como un modelo. Son muchos los aciertos de Tate Modern, que fue inaugurado por la reina: las obras en exhibición —Picassos, David Hockneys, Damian Hirsts—, la luz, la museografía, los espacios. También se espera que contribuya a mejorar el nivel de vida de los habitantes de la zona. La pregunta es si este éxito basta para compensar el resonante fracaso del otro proyecto que debía marcar el nuevo milenio británico: el Domo. Una gigantesca construcción, que evoca una tienda de circo, localizado cerca de Greenwich, que debía ser una mezcla de Disneylandia y del museo de la ciencia de La Villette en París. Desde su inauguración el Domo ha sido una decepción porque no ha logrado atraer el número de visitantes que justificaría la millonada inversión. Dos operaciones de rescate financiero se han intentado desde enero, cuando la Comisión del Milenio contrató al genio francés de la publicidad y la administración que salvó a Eurodisney de la bancarrota. Pierre Yves Gerveau. Sin embargo, las pistas de este circo siguen desiertas. No se sabe si las entradas son demasiado caras, las ambiciones exageradas o los vacíos tan aterradores que ahuyentan a los visitantes. Como si se hubiera creado un círculo vicioso entre el público y el Domo: nadie va porque está muy solo, y está muy solo porque nadie va. Lo cierto es que la broma más repetida hoy en Londres es que el mejor lugar de la ciudad para meditar a solas y en tranquilidad es el Domo del Milenio, cuyo destino inexorable parece ser un comprador japonés.

Tough cookies Leo Blair llegó a Londres a tiempo. El cuarto hijo de Tony Blair fue recibido con discreto entusiasmo. Incluso los tabloides británicos, tan propensos a tratar ese tipo de asuntos como escándalo, se vieron obligados a someterse a las exigencias de Chérie, quien se ha propuesto defender la privacía de su familia a capa y espada. Hace unas semanas una joven que había cuidado un tiempo a los hijos del primer ministro, tuvo que responder a una demanda de sus antiguos patrones que denunciaron sus intenciones de escribir un libro sobre esa experiencia. La chica, que al empezar a trabajar con los Blair firmó un compromiso de confidencialidad, apareció llorosa ante la prensa y declaró que abandonaba el proyecto; además insistió en que nunca había sido su propósito lastimar a nadie.

El embarazo de Chérie Blair, abogada, católica, de 45 años, fue durante semanas motivo de reflexiones y discusiones a propósito de la maternidad a edad madura. Varias famosas, Madonna o Imam, son ejemplo de una generación de mujeres que ha invertido el orden de prioridades. En el pasado muchas se iniciaban en la vida profesional una vez que habían formado una familia. La desventaja era que cuando entraban al mercado de trabajo tenían que competir con otras más jóvenes por posiciones de principantes. Ahora, en cambio, muchas mujeres prefieren posponer la maternidad y afianzar su carrera profesional antes de sumergirse en el mundo del cuidado de bebés. La alternativa ha ganado atractivo también porque las drogas de fertilidad remedian los problemas con que suelen toparse mujeres de más de 35 años que buscan embarazarse. No es el caso de Chérie, cuyo hijo mayor tiene 16 años; ella pertenece a la generación anterior, la que quería tener todo al mismo tiempo: familia y carrera. Prueba de que es una tough cookie, como dicen los americanos, comparable a Hillary Clinton aunque a su manera, es que dos días antes del nacimiento de su bebé Chérie estuvo más de seis horas, de pie, representando a la central sindical británica en una demanda contra el gobierno y su interpretación de la ley de la Unión Europea relativa a las licencias de paternidad o maternidad.

Es posible que con el fin de aliviar la irritación de este desacuerdo, Tony Blair haya decidido atender el deseo expreso de Chérie de que tomara la licencia de paternidad con goce de sueldo que le otorga la ley, aunque únicamente por dos semanas, bastante menos tiempo del que prevé la ley al año; sin embargo, la prestación se extiende por cinco. Es decir, hasta el 2005 Leo podrá contar con la compañía de su papá un buen rato.

Las cenizas calientes del Imperio

Primero Zimbabwe y luego Sierra Leona han desmentido brutalmente la idea de que a principios del siglo XXI del imperio británico sólo queda material para manierismos de Hollywood; como ocurre siempre con los grandes pecados, las antiguas colonias han vuelto para perseguir al pecador. La sociedad multicolor de Londres es un recordatorio cotidiano de esa historia; la prensa británica, siempre tan concentrada en los asuntos locales, no deja de informar diariamente de acontecimientos en Africa, y son innumerables las asociaciones y acciones de ayuda a los países africanos que se organizan de manera espontánea, como si la sociedad británica asumiera una responsabilidad moral con el bienestar de sus antiguas colonias.

Las fotografías de los agricultores blancos asesinados en Zim- babwe con la complicidad del presidente Mugabe. de los bebés mutilados en Sierra Leona por los rebeldes o de los niños armados con ametralladoras del ejército británico son motivo suficiente para que el gobierno de Blair esté sujeto a presiones contradictorias de una opinión que cree que su gobierno tiene que ayudar a los débiles, pero al mismo tiempo no quiere que las tropas británicas se involucren en guerras extranjeras. La confusión aumenta cuando quienes demandan protección para la minoría blanca en Zimbabwe caen en la cuenta de que lo que siembran estos agricultores es tabaco y, ¿sabe usted?, fumar es malo para la salud.

Populismo a l’anglaise La política británica de hoy es prueba de que el populismo no es un engendro exclusivo del subdesarrollo y la antidemocracia, sino que puede ser el hijo robustísimo de la democracia y de la tecnología moderna. En un mundo en que la imagen se ha impuesto a las ideas, los políticos hacen campañas electorales y toman decisiones apoyándose en los mismos argumentos con que algunos defienden la vulgaridad en la televisión: “es lo que el público quiere”. En estas circunstancias tendremos que renunciar a la posibilidad de que lleguen al poder estadistas y conformarnos con figurinas de boligoma que adquieren la forma de la superficie a la que se adhieren.

En la elección del alcalde los londinenses, como estaba previsto. votaron de protesta contra Blair y New Labour, que no han cumplido con importantes promesas de campaña: pero lo que parece irritarles más del gobierno laborista es la concupiscencia por el poder que han descubierto en su primer ministro. La avidez de Blair es tan obvia que les incomoda, como si les pareciera un pecado inadmisible en un político joven que hace apenas tres años venció la ramplonería del realismo thatcheriano con una propuesta idealista y moralizante. La distancia entre las palabras y las obras del primer ministro es cada vez mayor: la elección de parlamentos regionales en Gales y en Escocia era parte del gran discurso democrático del nuevo laborismo, pero el empeño de Blair en controlarlos únicamente ha provocado enojo entre quienes lo deseaban, y críticas entre quienes lo rechazaban convencidos de que está desmembrando al Reino Unido por puro y simple oportunismo. La popularidad de los primeros tiempos de Tony Blair ha quedado sepultada bajo la dentaria sonrisa, cada vez más terca que afable.

William Hague, el líder del partido conservador, también se ha dejado seducir por el estilo populista que dicta la moda en el mundo de la política. Tal vez detrás de este gran antipático se esconde un estadista, pero hay que decir que hasta ahora no se ha dado a conocer. Si los estilos de hacer política de Blair y Livingstone tienen que ver con ademanes, gestos y evocaciones, Hague también ha decidido apelar a emociones primarias del electorado, pero mediante temas que les llegan no tanto al corazón como al estómago: la migración y la seguridad. Sus propuestas al respecto han provocado acusaciones de racismo y vigilantismo (cuando el ciudadano decide tomar la ley en sus manos), porque en un caso consiste en reducir drásticamente las libertades y los beneficios de quienes han solicitado asilo, así como en endurecer los requisitos para acceder a ese status; y en otro, en reducir las penas de quienes recurren a la violencia para defender su vida o sus propiedades. Según los laboristas, Hague está polarizando a la opinión al plantear “temas de derecha” en la agenda de la campaña electoral, a lo que el líder conservador responde que los temas no responden a un ideología, sino a una realidad concreta: el incremento de las demandas de asilo, y de una xenofobia correspondiente: y el aumento de la criminalidad. Hague, como los demás, lo único que está haciendo es someterse a la voxpopuli que, en este caso, como en muchos otros, no es necesariamente la voz de la razón.

1 de julio, 2000.

Nexos, URL: http://www.nexos.com.mx/?p=9695

Soledad Loaeza

Leave a Reply